Dara Meier

La terapia- Dara Meier

La terapia- Dara Meier

¿Cuánto poder ejerce nuestro pasado, nuestra infancia, en nuestro presente? Los protagonistas de esta novela se verán obligados a echar la vista atrás para poder comprender su presente, para ser capaces de tener un futuro sin cargas. Marena y Nico deberán, bajo la supervisión de un psicólogo algo (muy) especial, someterse a una terapia experimental. En ella aprenderán, sobre todo Marena, que no todo lo que tenemos como certeza lo es. Nico, por su parte, deberá aprender una lección que todos los padres tarde o temprano afrontan. Una guerrera con armadura de cristal, un mecánico con fijación por las luciérnagas, un psicólogo con alma de duendecillo irlandés, unos futuros padres adorables… Una dura historia que emociona pero que no deja de lado el humor, porque…. por muy mal que estemos, siempre debe haber sitio para la sonrisa.

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La chica que susurraba a las vacas (y no estaba loca), Dara Meier

La chica que susurraba a las vacas (y no estaba loca), Dara Meier

Estimados lectores/as:
Es muy difícil dar una descripción medianamente comprensible -y cuerda- de un libro donde coinciden una chica que habla con vacas, un jugador de fútbol americano con demasiado ego y al que le encanta gritar, una sexagenaria de armas tomar, un rancho texano donde la cordura brilla por su ausencia, unas vacas que actúan como cualquier cosa menos como lo que son…
Entre tanta locura también hay amor de todos los tipos, fraternal, amistoso, pasional, irracional, bovino, equino-bovino, humano-bovino… A gusto del lector, señoras y señores. Ah, sin olvidar tampoco los desengaños de toda índole, las segundas oportunidades, la lucha por conseguir lo que queremos, la superación de las duras situaciones que nos encontramos a lo largo de la vida…
Si nada de esto te ha terminado de convencer o, al contrario, te mueres de ganas de saber qué demonios escribí, prueba a leer la historia de Candela y King. Si te convence, bienvenido/a al club de los Meierianos, y si no es así… ¡A Dios pongo por testigo que un día lo conseguiré! (como comprenderéis hago las cosas a conciencia y esto lo digo con brazo en alto y bolígrafo en ristre, que la zanahoria que me quedaba la puse en la ensalada)
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