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Hugo Fabian

Memorias de Nueva York- Hugo Fabian

Memorias de Nueva York- Hugo Fabian

¿Aventura? ¿Romance? A Diego no le preocupa lo que su destino le ha preparado, con tal de que eso incluya cumplir su sueño: Conocer Nueva York. No le vendrá nada mal alejarse de la rutina por algún tiempo, sin importar tener que hacer un cambio radical. Vida solo hay una y los momentos extraordinarios no se repiten a menudo…

Prólogo
En el asiento de la limosina había una carta sin remitente para Diego, las instrucciones eran claras: “No la abras hasta que estés en el aeropuerto.”
-¿Quién me la manda? -preguntó al chófer.
-Disculpe señor, pero no estoy autorizado para revelar la información.
-¿De verdad no me vas a decir? -insistió, aunque creía tener una ligera sospecha de quien podría estar detrás de todo.
Jack se encogió de hombros disculpándose otra vez por no poder confesar nada.
-No te preocupes. En marcha por favor -Diego se asomó por la ventana para distraerse de la curiosidad que ya lo empezaba a frustrar-. «¡Mi paciencia no se lleva bien con estos detalles!»
-pensando por enésima vez en las indicaciones de la carta, no resistió más y la abrió.
«Sabía que tu curiosidad podía más. Una segunda carta te espera al llegar al aeropuerto.» Eran las únicas palabras en el papel.
Con la cara roja de vergüenza miró a Jack, quien estaba entretenido observando por el espejo retrovisor y llevando la segunda carta en mano.
-Hasta que lleguemos -dijo Jack y se guardó el papel en el bolsillo del saco.
Diego se mantuvo en silencio durante el recorrido hacia el aeropuerto, momentos que utilizó para recapitular lo vivido en los últimos meses. El tiempo volaba tan rápido que sentía como si apenas hubiese llegado a la ciudad y al mismo tiempo ya era momento de marcharse.
Cuando llegaron al aeropuerto se apresuró a salir de la limosina, quería darle fin a la curiosidad que no lo dejaba tranquilo.
-Aquí tiene señor -Jack el chófer entregó la segunda carta junto con su equipaje-. Fue un gusto conocerlo, esperamos que regrese.
-Deseo regresar pronto. Cuídate Jack -Diego sonriente se despidió.
Tomó sus maletas y caminó hacía la entrada del aeropuerto en búsqueda de un asiento disponible, listo para leer el mensaje.
«¡No me hagan esto! ¿Es un chiste?» -se quejó al ver que en la carta solo había una carita sonriente seguida de puntos suspensivos y nada más.
Distraído por el fiasco no se percató que alguien estaba a sus espaldas.
-No te muevas, no voltees -la persona le habló al oído casi como un murmullo.
-¿Quién eres? -preguntó Diego confundido al no reconocer la voz.
-Lo que te voy a pedir no es correcto hacerlo por medio de una carta -una sonrisa era notable en el susurró de la voz misteriosa.
Entonces Diego se giró y con los ojos llenos de sorpresa se quedó inmóvil, pues no podía creer a quien estaba mirando. . .

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